A las 3:07 no abras la puerta


La primera noche pensamos que era el viento.
A las tres de la madrugada alguien susurró el nombre de mi hijo desde el pasillo.
—Mateo... ven...
Él abrió los ojos y me preguntó:
—¿Mamá me está llamando?
Mi esposa seguía profundamente dormida.
Al día siguiente encontramos pequeñas huellas de tierra que comenzaban en la puerta principal y terminaban justo frente a la cama de nuestro hijo.
No había explicación.
La segunda noche los golpes comenzaron en las paredes.
Tres golpes.
Siempre tres.
A la misma hora.
Mi esposa empezó a tener pesadillas. Decía que una sombra permanecía inmóvil en la esquina del cuarto, observándonos sin parpadear.
Nadie le creyó... hasta que mi hija pequeña dibujó a "su nuevo amigo".
Era una figura completamente negra, demasiado alta para tocar el techo, con unos ojos blancos y una sonrisa imposible.
Abajo del dibujo escribió:
"Él dice que pronto vivirá con nosotros."
Esa misma madrugada instalé una cámara en el pasillo.
A las 3:07 a. m. el video captó algo que jamás podré olvidar. Una sombra salió lentamente de la habitación de los niños. No caminaba... Se arrastraba por el techo. Al llegar frente a nuestra puerta giró la cabeza hacia la cámara y sonrió.
Después desapareció.
A la mañana siguiente revisé la grabación otra vez.
La sombra ya no aparecía.
Solo se veía a mi hijo de pie, inmóvil frente a nuestra habitación... con una sonrisa idéntica.
Esa noche abandonamos la casa.
Han pasado cinco años.
Vivimos en otra ciudad.
Pero todas las madrugadas, exactamente a las 3:07...
Alguien golpea tres veces la puerta.
Nunca abrimos.
Porque la voz sigue diciendo el nombre de mi hijo...
...y desde hace unos días también conoce el mío.


 

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